Yann Tiersen, TORMENTAS DE EMOCIÓN

Yann Tiersen, TORMENTAS DE EMOCIÓN

Nuestro Hotel Enfrente Arte tiene mucha relación con el mundo de la música, ya que originalmente solía ser el estudio de grabación de dEUS así como de muchos otros artistas, descubre un poco más de la historia. 

Artículo Original Mondo Sonoro. Texto: Sergi Costa | Fotos: Archivo | 16 junio, 2000

Pocos de los que estuvieron en el BAM 99 y asistieron a ciegas a cada cita nocturna en la Plaça Del Rei apostarían por opinar que Yann Tiersen -un semidesconocido hasta la fecha- fuera un hombre apacible, tranquilo y, quizá, tímido. Somos muchos los que perseguimos justificar los reveses de la vida con palabras. Tiersen no lo necesita. Su música, libre o no de colaboraciones, le sirve de bálsamo. “Black Session” (Ici d’Ailleurs/Green Ufo’s, 99) sólo es la última franca demostración de ello.

Sin proponérselo, este francés de Rennes se ha convertido en una especie de exorcista de la emoción, transcrita de formas diversas gracias a su poliglotismo instrumental. Un conocimiento que cultivó desde 1976 en los conservatorios (piano, violín y dirección de orquesta) para después extender sus miras formando parte de una banda de rock de su ciudad natal.

Yann es capaz de tocar el piano, la guitarra, el violín, el acordeón, el banjo, la mandolina… y todo ello mediante una música de fuerte componente clásico, llena de deberes folk-rock, a la que aporta una pasión y una riqueza emocional fuera de lo corriente. Ponerse en la piel de este compositor no es tarea fácil, ya que al igual que su música es magnéticamente bella, también revierte hacia estampas de tristeza o aislacionismo que traspasan los límites autobiográficos. A pesar de su popularidad en el país vecino, Tiersen elude todo tipo de personalismos. “No me puedo considerar aún un clásico en mi país”, esgrime como respuesta a una cita impagable: el haber grabado “Black Session” en el Teatro Nacional de Bretaña (Rennes) para el programa de Bernard Lenoir de la emisora France Inter, junto a consagrados franceses (Bertrand Cantat, Françoiz Breut, Dominique A, Mathieu Boogaerts…), invitados de lujo (Neil Hannon de Divine Comedy) y viejos conocidos (su vocalista Claire Pichet y la banda que le acompaña últimamente, The Married Monk). Éste, su primer trabajo en directo, es sólo el colofón de una prolificidad probada mediante “Le Valse Des Monstres” (95), “Rue Des Cascades” (96), “Le Phare” (97), su Ep con Bästard (98) y el aún reciente “Tout Est Calme” (99), todos ellos publicados por Ici d’Ailleurs.

Ante mi insistencia en situarlo dentro de la vanguardia musical de su país, muestra sus reservas. “No me considero un innovador como tal. El hecho de mezclar mi formación clásica con unas canciones de estructura cercana al pop-rock se debe a un paso natural en mi propia evolución. Si me preguntas si me siento cercano a gente como Comelade, te diré que ni siquiera le conozco personalmente. Prefiero ubicarme en la línea de Dominique A o Françoiz Breut”. De las tres influencias a las que suele acudir la prensa (la chanson francesa, la composición clásica y el folk-rock), remarca especialmente esta última. “Me influyó cuando era un adolescente. No puedo decir lo mismo del folklore tradicional”.

Hay quién, sin embargo, le asocia al folklore de su región natal, cuya imaginaria romántica tan bien sabe beber de sus vastos paisajes y la proximidad del mar. Aprovechando la primera entrevista para este medio, repasamos su trayectoria. “El primer disco es el típico álbum de debut, con sus incorrecciones habituales. Los tres siguientes, sin embargo, parecen engendrados desde el mismo estado mental. A lo largo de ellos se produce una evolución en la estructura de las canciones, así como en el despliegue de instrumentación clásica y la entrada de elementos más cercanos al pop-rock”. Precisamente, desde “Tout Est Calme” y su colaboración -casi ya convertida en matrimonio- con The Married Monk se le achaca dicho acercamiento. “Sí, su influencia ha sido importante, pero creo que esa estructura ya aparecía en “Le Phare”. Lo que ha cambiado quizá sea la adopción de nuevos instrumentos más rítmicos”.

Célebre también la aportación que disco tras disco dispensa la voz, medio dramática medio etérea, de Claire Pichet, presente en dos de los temas del nuevo álbum y contrapunto vocal de la tensión emocional de las composiciones de Yann. La aportación del artista en otros campos de expresión cultural es conocida: musicando piezas de teatro o cediendo algunas canciones para directores paisanos suyos en “La Vida Soñada De Los Ángeles” y “Alice Et Martin”. Ante tales ejemplos su aportación al cine parece encorsetarse a lo estrictamente social o melodramático. “No lo sé. Quizá componer para películas sea una ayuda más para mi psique.

Mi música suele reflejar parte de mi vida y, mayormente, la utilizo para sentirme tranquilo conmigo mismo”. Sus futuras actividades en el campo de las colaboraciones pasan por sus cameos en los próximos discos de Françoiz Breut (grabado en Ronda) y Divine Comedy. Una entrevista difícil, por el handicap del lenguaje más que por la voluntad echada por ambas partes. En contraste, una declaración final de intenciones muy clara. “De la chanson destacaría a Georges Brassens y Barbara. De la generación actual, Dominique A”. Acabamos hablando de su próximo disco (previsto para finales de año y a registrar también en Ronda), el cual presentará mayor peso de los elementos eléctricos -vista su evolución, no debe suponer sorpresa alguna- y el añadido de trabajar con una orquesta e instrumentos de viento. El amable bretón se despide con la misma sencillez con la que me recibió, siguiendo su particular andadura por la historia musical francesa, hasta ahora sin divisarse techo alguno a su propuesta.